Es cierto, el blog ya no es como antes. El hecho de que no sea solamente mio hace que me cohíba un poco a la hora de postear cosas mias, cosas que siento o pienso. Últimamente escribí un par de cosas pero claro, no las publiqué…. Algunas las mandé por mail, de hecho algunas me gustaron… otras no tanto y jamás las publicare. Mas allá de eso, tengo pensado empezar de a poco con mis posteos patéticos de antes… al que le gusta : bien, y al que no le gusta, que no entre. Acá nadie está obligado a leer nada que no quiera….
Comparto con ustedes algo que escribí hace un tiempito, espero que les agrade.
A esto lo llamé Comienzo. Y así empieza:
=====================================
Miró sus manos, sus pies, sus brazos. Buscó heridas recientes en todo su cuerpo, cara, torso… nada estaba fuera de lo normal.
Pero su dolor seguía. Buscó más adentro, se adentró en su memoria y se dio cuenta que de ahí venia el dolor, de su pasado. Ya había jurado alguna vez no arrepentirse, y estaba seguro que ésta vez no lo iba a hacer. Empezó a remover su pasado como escombros en un lugar deshabitado. Encontró manchas, cuadernos, dibujos, humedad y olor a viejo en todas esas cosas. Las miró detenidamente una por una, volvió a leer toda su historia. Le costó mucho trabajo, las cosas eran bastantes, pero nunca se dio por vencido.
Se recostó en su cama y pensó tanto sobre ello hasta que sus ojos se cerraron por unas horas. Al despertarse volvió a mirar y releer todo aquello que horas atrás había leído, solamente que en esta oportunidad le dio una sorpresa, que no era lo mismo. Pensó que debería estar mal, alguna equivocación, seguramente –pensó- habría sido ese estado de ánimo en el que estaba. Sin decir mucho, esa madrugada le costó un poco dormirse, pero por fin lo logró y lo hizo profundamente.
Al día siguiente se despertó raro, no diferente, de todas formas su estado de ánimo al comienzo de todos los días por lo general siempre era el mismo, así que si hubiese existido un cambio, en esos momentos no se hubiera dado cuenta.
El sueño de la mañana le impedía pensar demasiado y mucho menos recordar todo lo de la noche anterior, aunque lo tenía bien latente.
No desayunó, casi nunca lo hacia, se había acostumbrado a pasar largas horas sin ingerir alimentos ni bebidas, el había elegido su propio ritmo de vida, que si bien no era agitado, era para él lo suficientemente activo e importante como para no detenerse en comer. Nunca fue una persona de comer abundante y su figura le importaba demasiado poco como para ocuparse de ella más del tiempo que él creía que fuese necesario.
Juntó sus cosas, las metió en un pequeño bolso con signos a flor de piel del paso del tiempo y de la poca calidad de sus componentes y salió de su casa rumbo a sus obligaciones.
En ese viaje no paró de mirar por la ventana del colectivo que lo llevaba y pensar en la noche anterior. Recordaba su pasado pero esta vez, al igual que la segunda vez que por la noche había releído todo, no le causaba el mismo efecto que antes. Quizás había entendido todo, quizás no había entendido nada, pero a él mucho no le importaba si había entendido ó no. A él le importaba no estar mal, que al fin y al cabo, eso era lo que lo tenía mal.
Siguió un procedimiento simple, el análisis de los hechos, la evaluación de lo sucedido. Quiso entender que a pesar de todo lo pasado, todo lo que había sufrido y todo lo que había llorado ya era momento en que ese dolor cesara. Recordó a modo de auto ayuda cuando de pequeño iba con su bicicleta a toda velocidad por la plaza, cuando un desperfecto en su equilibrio arruinó su bicicleta de un golpe contra un suelo de piedras. La bicicleta había quedado gravemente dañada, al igual que sus rodillas y codos. Ese día no había podido dormir por el dolor de sus rodillas sangrantes y latentes como bombos en una comparsa, y sus codos a cada segundo le informaban que otra posición para dormir esa noche no existía; el recordar el preciso instante en que la bicicleta se rompía y la pintura se rayaba contra las piedras del suelo lo hacía sentir aún peor, pensaba que nada sería igual, que su vida estaba ahora arruinada sin su bicicleta.
Pero su dolor de rodillas al los pocos días había pasado y que su tristeza por su bici fue superada cuando en una navidad apareció reluciente contra una esquina del árbol. Otra nueva, mas grande y reluciente bicicleta con adornos, luces y cambios secuenciales
Solo eso necesitó recordar en un primer momento para darse cuenta de lo que en realidad significan las cosas. Entendió ó quiso entender que todos los momentos malos se pueden borrar con nuevas cosas, como en su recuerdo lo fue con la nueva bicicleta. Dio por entendido que necesitaba librarse de ese pasado que lo tenía atado a tantas cosas y tan mal a veces lo solía poner. Dio por entendido que tenía que entregarse de nuevo a las nuevas vivencias, que su papel de esquivar las cosas no era el adecuado, que lo pasado ya no estaba y que no debía tener temor a lastimarse otra vez, porque él, esa noche… lo había comprendido.
Tanto dolor que había sentido, tan mal había estado y sin embargo en su cuerpo no existía ninguna marca que pusiese en manifiesto tan devastadores momentos, y el recordar esos días en la infancia tan dolorosos en esos momentos, esos en que llegó a pensar que la vida ya no importaba, fueron desapareciendo tiempo después. Comprendió que no eran otra cosa más que palos en el camino, bofeteadas de la vida, cachetadas celestiales precisas para darnos a entender que no siempre que piensa que uno se va a morir, se muere uno.
Pero así y todo no estaba del todo conforme con esto nuevo que estaba pensando, por lo menos hasta el momento justo en que recordó lo que por fin necesitaba y creía que era más importante que él recordase de su infancia. Y fue, justamente, el poder superar las caídas. Recordó con una sonrisa que en aquella navidad, con su bicicleta nueva había pensado no enfrentarse más con aquella plaza, con aquel suelo de piedras, sabiendo que se podía caer y arruinarse las rodillas otra vez y sobretodo, arruinar la bicicleta. Pero un día sintió que podía, se sintió seguro y se plantó la menta: se jugaba a romper el record del tiempo con el que tiempo atrás había atravesado esa plaza. Y fue así que un día corrió con su bicicleta por la plaza, pedaleó lo más rápido que pudo hasta que el bazo estaba a punto de estallar y sus piernas no se sentían… y más rápido por los nervios a caerse y más porque sabía que él, esa tarde, podía. Y claro, su reloj marcó 3 segundos menos que la ultima vez. Nunca más le tuvo miedo a esa plaza. Ya lo había superado, pero jamás olvidó el peligro.
No tardo mucho tiempo en llegar a esa conclusión, en realidad si que tardó mucho. Todo depende de dónde se lo mire. Analizarlo le costó décadas y comprenderlo menos de un día.
El otro día lo crucé por la calle, y claro, no siempre está bien, porque como todo, tiene sus días y sus problemas pero recuerdo que le pregunté como estaba su pasado y él me dijo “no lo sé, pero creo que debe estar orgulloso de mi”
Él fue especial, siempre lo fue. Y haber comprendido de que podía ser mejor que antes, le hizo bien.
Él está bien.
Yo a veces, también.
ayer me vino a visitar un recuerdo. No un recuerdo lejano, uno de hace unos pocos días. Y pensé, pensé en ese recuerdo y partir de ayer empecé a seguir los pasos de él. Yo pienso que está bien…
algún día lo recordaré y seguro me reiré.
Lee el resto de esta entrada »
Share This